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En el Valle de la Luna la naturaleza va de la mano con la imaginación

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Valle de la LunaUn gusano y un hongo gigantescos, un submarino averiado y varado sobre una colina, una esfinge telúrica similar a la egipcia y una cancha de bochas cuyos pesados bolos sería imposible manipular. No son alucinaciones causadas por el impiadoso sol del desierto de San Juan, sino algunas de las figuras de piedra marrones, ocres, rojas o blanquecinas que hacen famoso al Valle de la Luna.

Recorrer este parque provincial del oeste argentino es como pasear por un gran museo de arte moderno a cielo abierto, en el que la naturaleza expone sus obras esculpidas por la erosión, por aguas desaparecidas hace millones de años y por el viento, siempre presente. Esta reserva natural es uno de los “parques de piedra” del complejo geológico Ischigualasto-Talampaya, que se extiende por las provincias de San Juan y La Rioja, y en esta última alberga también al Parque Nacional Talampaya. Ambos fueron declarados en conjunto Patrimonio Natural de la Humanidad por Naciones Unidas en 2000.

Valle de la LunaMuchos sanjuaninos se jactan de que su provincia cuenta con al menos 300 días de sol por año, lo que es un buen aporte para sus reputados vinos; también una condición a tener en cuenta para procurar que un paseo por el área turística de Ischigualasto sea por la tarde o bien temprano, cuando el sol no castiga desde el cenit y además las luces y sombras permiten mejores fotos de las geoformas.

Esta visita de CSM no fue la tradicional desde la capital sanjuanina, sino desde la riojana ciudad de Villa Unión, cabecera del departamento Coronel Felipe Varela, por invitación de ese municipio y su Cámara de Turismo, en un fam press que incluyó atractivos locales y extrajurisdiccionales, entre ellos precisamente el Valle de la Luna.

Si bien Villa Unión es más pequeña que la ciudad de San Juan, cuenta con unas 800 plazas hoteleras de distintas categorías y una variada oferta de servicios turísticos y operadores de diversos productos, pero la ventaja que ofrece como base para visitar Ischigualasto está en la distancia: Valle de la LunaMientras desde San Juan el camino más corto, por las Rutas Nacionales (RN) 40 y 150, es de 278 kilómetros (el largo, por la RN 141 y la provincial 510 a través de Valle Fértil se extiende 326 kilometros), desde Villa Unión sólo se deben recorrer 138 kilómetros, casi todo en línea recta.

A mitad de ese camino por la RN 76 está la entrada al Parque Nacional Talampaya, lo que propone un combo ideal al turista amante de los geoparques, quien además puede extender el viaje unos 20 kilómetros desde el acceso a Ischigualasto y visitar la Reserva Provincial El Chiflón, en La Rioja, que forma parte de la misma placa geológica y es considerada la “hermana menor” del Talampaya.

EL PASEO

Los paseos parten desde el acceso a la reserva y se hacen sólo en vehículo, ya sea propio, contratado o del parque, y siempre con un guía, durante aproximadamente tres horas. El sol siempre es impiadoso en esa región de piedras mayormente peladas y su calor refracta en el piso rocoso y recalienta la arena, por lo que no solo hay que protegerse de sus rayos con sombrillas, sombreros y cremas filtro, sino también con calzado de suela gruesa y además dura, como para no ser atravesada por la espina suelta de algún cardón en el suelo.Valle de la Luna

El Gusano

La primera parada fue frente a El Gusano, que desde lejos parecía una versión gigante de ese insecto, y estaba rodeado de diminutos y coloridos seres vivos, que parecían otros insectos menores, pero eran decenas o cientos de turistas de varios ómnibus de una excursión, quienes vociferaban entusiasmados, fotografiaban todos los detalles y grietas y posaban para la posteridad junto a cualquier piedra. Valle de la LunaPara evitar compartir cada parada con ese ruidoso enjambre de visitantes, hubo acuerdo en “sacrificar” una observación minuciosa de El Gusano y partir pronto hacia la siguiente parada.

Los vehículos de prensa con su guía se alejaron raudos de la media docena de grandes bloques de unos diez metros de altura que conforman esa figura, mientras el guía explicaba que unos finos sedimentos grises y negros que vetean la estructura amarillenta indican que allí hubo un lago. Hacía referencia a un tiempo anterior a la existencia de la cordillera de los Andes y los cataclismos que convirtieron el lugar en un desierto árido, hace cientos de millones de años, cuando ésa era tierra de bosques, lagos y dinosaurios, de los cuales se han hallado restos en el parque y son exhibidos en su Centro de Interpretación.

Valle Pintado

La siguiente caminata fue junto a Los Rastros, una formación oscura, de capas de sedimento que según el guía contiene mucho carbono, Valle de la Lunaproducto de la descomposición de esos bosques y una variada flora prehistórica. Este sendero lleva a un balcón sobre Valle Pintado, una depresión con prominencias como domos o conos con numerosos estratos también sedimentarios de tonos grises, rojizos y ocres.

Una de las varias versiones del origen del nombre Valle de la Luna es adjudicada a Valle Pintado, ya que se dice que es similar a lo primero que se conoció por fotos de la superficie lunar. En su lejano pasado, fue una llanura surcada por ríos, a los que iban a abrevar y alimentarse animales que se extinguieron.

La Esfinge y la Cancha de Bochas

Cuando una decena de vehículos particulares y buses arribó a esa parada, los periodistas partían rumbo a la Cancha de Bochas, en un juego unilateral que se repitió en cada punto y permitió trabajar con total comodidad aunque cierta premura.Valle de la Luna Para llegar a esta explanada cubierta de curiosas esferas del tamaño medio de una pelota de fútbol, se deben caminar unos 400 metros desde la parada y pasar frente a La Esfinge, que semeja una copia natural del famoso monumento construido por los antiguos egipcios, aunque como todo depende de la imaginación de cada uno, para muchos es en realidad  un gato en reposo.

Entre ambos puntos hay unas formaciones bajas y sinuosas, sin similitud a figura alguna pero que se hicieron famosas luego de aparecer en una foto de tapa de una revista en la década del 70 y que se las comparara con imágenes de la Luna, por lo que otra versión les adjudica el origen del nombre al parque. El guía aclara que, en documentos que datan de 1907, ya se hacía referencia al lugar con la denominación actual, porque los arrieros llevaban su ganado por  el que llamaban “Valle de la Luna“, supuestamente en referencia a la imponencia del satélite terrestre visto desde ese lugar.Valle de la Luna

Las esferas de la Cancha de Bochas son llamadas “concreciones” y fueron moldeadas por la naturaleza en millones de años a partir de una pequeña piedra, hueso o rama que hizo de núcleo, a la que se le adhirieron otras partículas minerales en forma pareja hasta darle la actual redondez, posiblemente en el fondo de un lago. La cantidad de bochas es variable, ya que en época de sequía el viento las tapa con polvo y cuando llueve el agua las lava y las deja al descubierto en la zona más baja del valle, a donde llegaron tras un rodar muy lento, aún para los tiempos geológicos, que suelen ser muy largos.

El Submarino 

Valle de la LunaEl siguiente tramo pasa junto a una roca marrón oscuro de más de 10 metros de altura y frente triangular, llamada “Mapa de San Juan”, porque esa superficie se asemeja precisamente al contorno de la provincia.

Desde allí se llega al punto más alto del recorrido donde aparece El Submarino. Como se menciona al principio, se trata de un submarino “averiado”, ya que ha perdido a la mayor de sus dos altas torres en 2015, debido a un fuerte viento que la volteó, y sus restos yacen al pie de la figura, a la cual por cuestiones de seguridad ya no se permite acercamiento del público como antes, por varias decenas de metros a la redonda, debido a que la torre actual, de unos 15 metros de altura, tiene una “cintura” aun menor que la que se precipitó.

Valle de la Luna

El Submarino original, antes de la caída de su torre trasera.

El Hongo

El Hongo es la figura emblemática del Valle de la Luna, junto a la cual todo visitante quiere posar para una foto, con el telón de fondo de las Barrancas Coloradas, de unos 200 metros de altura. Valle de la LunaEste paredón pertenece a la formación geológica Los Colorados, la más joven de Ischigualasto por ser la capa más superficial del triásico superior, con unos 200 millones de años de antigüedad. 

Ya para el cierre del paseo, mientras el cielo comenzaba a desangrar sobre el borbotón dorado que encandilaba desde el horizonte como negándose a desaparecer, los vehículos rodaban por un polvoriento camino naranja, junto al cual estaba La Lobería, con sus inmensos lobos marinos siempre amontonados en una siesta perpetua. Al frente, una macisa mancha oscura que cerraba la ruta: el Cerro Morado, antigua chimenea de un volcán extinto, con su cima plana bordeada de afloramientos graníticos.
Nuevas Figuras

Valle de la LunaSe supone que El Hongo y lo que queda de El Submarino correrán en algún momento la misma suerte que las desaparecidas El Loro y La Lámpara de Aladino, que se desmoronaron tras pasar el límite de ese equilibrio, cuando la parte inferior se adelgazó más de lo tolerable para sostener a la roca pesada de arriba, con alguna ayuda del viento y leves movimientos sísmicos.

Un guía comentó que hubo estudios para procurar ajustar las piedras entre sí, con pernos internos que no alteraran su imagen, para prolongarle la existencia, pero prevaleció el criterio de dejar a la naturaleza actuar por su cuenta. De todos modos, la erosión y el viento que destruye una figura también elabora otras, como algunos nuevos “hongos” surgiendo cerca de actual y nuevas figuras que se forman en rocas antes sin forma definida.
Estas y otras formaciones menores esperan su oportunidad para ser oficializadas, aunque algunas ya tienen nombres populares o provisorios, como el mencionado Mapa de San Juan, La Mulatona, El Perro, Las Lolas y La Mariposa. Es indiscutible que los motes se corresponden con la imagen, aunque luego algún funcionario o una comisión les dé un nombre más formal.

CIRCUITOS ESPECIALES

Para llegar al Cerro Morado existe un circuito pedestre hasta su cima, desde donde se aprecia una gran panorámica, y en cuyo recorrido se pueden ver grupos de guanacos entre la escasa y baja vegetación. Otros animales visibles son las aves, especialmente los Valle de la Lunarapaces que dominan el cielo y juegan con las corrientes de aire que los mantienen estáticos en las alturas.

Los circuitos de trekking son dos, ambos de baja dificultad, y recorren dunas y miradores naturales. Uno es de casi seis kilómetros y dura unas tres horas, en tanto el más largo, de ocho kilómetros, se extiende por cuatro horas y lleva hasta La Lobería. También está el Paseo del Amanecer, que comienza poco antes de la salida del sol, para ver el astro asomar entre las rocas y las sombras de éstas encogerse rápidamente con su ascenso, y el Paseo Nocturno, que se hace sólo en plenilunios y dura dos horas, en las cuales las figuras cambian su aspecto bajo la claridad plomiza de la Luna sobre el valle que lleva su nombre.

Valle de la Luna

EL MUSEO

Después de recorrer unos 40 kilómetros de senderos polvorientos bajo el sol, a veces se llega al lugar de partida con las primeras sombras y una temperatura que baja deprisa por la amplitud térmica del desierto. Entonces es oportuno tomar un café en el bar y dedicarle un rato al Centro de Interpretación del parque, montado por el Museo de Ciencias Naturales y atendido por estudiantes de biología y geología de la Universidad Nacional de San Juan.

Su joya principal es la réplica de un esqueleto del Eoraptor lunensis (armada en base a piezas halladas en el parque), que pese a su escaso metro de altura es el gran descubrimiento de la cuenca de Ischigualasto, por considerarse el dinosaurio más antiguo del mundo y consecuentemente el menos evolucionado de los que convivieron en el Triásico.
En diferentes espacios hay varias réplicas de otros animales, en especial saurios que vivieron allí cuando el valle era un vergel de bosques, ríos y pantanos, además de muestras explicativas de la conformación geológica del suelo y las elevaciones.- (CSM)

Gustavo Espeche ©rtiz
(Derechos reservados)

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