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Bogotá a vuelo de pájaro: Amigable, limpia, pintoresca y caótica

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Pintoresca, limpia, hospitalaria, tranquila en las veredas y con un tránsito caótico en las calles, además de un clima imprevisible que puede albergar las cuatro estaciones en una sola jornada, lo que la convierte en un destino de museos o de compras más que de aire libre.Bogota No es un mucho lo que se puede decir de Bogotá tras una visita de una semana, y menos aún si fue un viaje de trabajo con gran parte del día ocupado, aunque el contacto con los bogotanos obliga a destacar su hospitalidad, cordialidad y buenos modales; que nadie espere encontrar a “la mulatona” en la capital de Colombia, porque no es el Caribe, sino una zona alta y mediterránea, con un clima considerado frío en este país tropical. Los rasgos de la gente hablan de una inmigración española casi en su totalidad y su integración con el indígena más un toque de africanismo, aunque menor que en las cálidas zonas costeras.

Un consejo inicial para los turistas primerizos, en cuanto a atuendo, es que vayan a Bogotá preparados para todo, porque de una mañana nublada y fresca se puede pasar a un sol tórrido que obligue a ponerse crema protectora al mediodía, para finalizar la tarde con una lluvia torrencial y una importante baja de temperatura para la noche. BogotáEstá a unos 2.600 metros sobre el nivel del mar, una altitud en la que no existe apuntamiento, aunque algunos extranjeros que llegan de zonas bajas dicen sentir algunos síntomas como mareo o agitación, algo que este cronista no advirtió en absoluto.

Ante los mencionados cambios meteorológicos, lo que los bogotanos recomiendan es aprovechar los momentos de buen clima para los paseos y excursiones al aire libre, como subir al cerro Monserrate en pocos minutos mediante el teleférico que parte de la avenida de circunvalación y, desde las ventanillas primero y luego desde el mirador junto al santuario, dominar toda la urbe rodeado por los frondosos bosques.

Bogotá ciclistasEl Monserrate es un lugar ideal no sólo para disfrutar de vistas panorámicas de la ciudad y los Cerros Orientales, donde se encuentra, sino también para relajarse en un ambiente natural y de aire puro, mientras en el centro de la urbe, unos 500 metros más abajo, las calles rebosan de vehículos que avanzan a paso de hombre o permanecen detenidos en embotellamientos cual nudos Gordianos, donde sólo algunas motos y más bicicletas pueden avanzar, con muchas personas cubriendo la nariz y la boca con mascarillas para defenderse de la polución.

EL TRANSITO

Quien esto escribe, porteño, no puede evitar las comparaciones con Buenos Aires en toda ciudad que visita, y en este caso la reflexión fue que el tránsito de Bogotá, en un día normal, es como el del centro de la capital argentina cuando hay piquetes (manifestaciones de protesta que cortan las calles compulsivamente). Bogotá tránsitoCuando Bogotá sufre una gran manifestación, como la que cortó la Autopista Norte durante esta visita, ya no se puede hablar de tránsito congestionado sino simplemente de coches estacionados en las calles durante horas. 

Bogotá no tiene subterráneo ni metro -la gente cuenta que existen proyectos para estos sistemas desde hace años pero culpan a la corrupción de la obra pública por sus reiteradas postergaciones- aunque dispone de una buena red de premetro -su nombre es Transmilenio-, con muchas combinaciones, cuyo pasaje se abona con una tarjeta propia del sistema. Bogotá Transmilenio metrobusSe trata de buses casi tan grandes como coches de subte, articulados en dos o tres cuerpos, que circulan por carriles exclusivos en autopistas y avenidas, y las paradas tienen andenes en alto nivel. Como en Europa, todo el anden tiene una pared de vidrio para evitar caída de personas a la calzada, y con puertas corredizas que coinciden con las también corredizas puertas de los buses al detenerse. Pero como esto es Latinoamérica, la mayoría de esas puertas de andenes están trabadas y permanecen siempre abiertas o se abren parcialmente y dificultan el masivo ingreso o salida de pasajeros, pese a que los choferes detienen las unidades en los lugares precisos.

Como contraparte a estos modernos vehículos de gran capacidad, hay muchísimas líneas de “busetas”, que son como combis de aspecto antiguo. A la vieja usanza argentina, el chofer hace de todo: Bogotá tránsito busetascobra el pasaje, aunque no da boleto, pone billetes y monedas en un canasto del que toma el vuelto, mientras conduce con un sistema de caja de cambios mecánica. Los pequeños buses se mueven a gran velocidad y ágiles si el tránsito lo permite, en zigzags, con rebajes, frenadas y aceleradas repentinas, y la gente apiñada asomando por las puertas -a veces abiertas- y deteniéndose en medio de la calle a levantar o bajar pasajeros si la parada le queda incómoda.

Los conductores, incluidos taxistas y colectiveros, como virtualmente todos los colombianos, mantienen los buenos modales pese a las adversidades del tránsito. No se sienten bocinazos injustificados ni histéricos, ni  insultos u otras agresiones. Eso sí, en las esquinas no siempre se respeta el paso del peatón, especialmente en el giro, por lo que éste debe ser cuidadoso al cruzar. Quienes la pasan bien son los ciclistas, tienen muchas bicisendas -que son respetadas por los otros vehículos- y además los sábados a la mañana todas las avenidas céntricas se convierten en ciclovías.

Bogotá tránsitoEl tránsito endemoniado empeora cuando llueve a cántaros -algo frecuente- ya que las calles se anegan fácilmente -la gente también echa la culpa a la corrupción, que nunca finaliza los arreglos o lo hace mal- y hay que permanecer largos ratos detenidos en los congestionamientos. Las estaciones de Transmilenio desbordan de gente que espera ingresar, en filas cuádruples o más anchas de casi media cuadra fuera de los molinetes de acceso, y al momento de entrar al bus el pasajero desprevenido no necesita caminar, ya que es arrastrado por una marea humana, casi en vilo, y es inútil intentar permanecer en el andén; para descender sí debe hacerlo por sus propios medios, ya que no baja toda la gente junta.

LA GENTE

Quizás lo primero que resulta agradable de Bogotá sean los propios bogotanos, especialmente para quien llega de una ciudad -y nuevamente la comparación- donde los buenos modos y la cordialidad han quedado en gran medida fuera de uso por una gran mayoría, al menos entre desconocidos. BogotaAl iniciar una conversación con un bogotano, uno se encuentra con una mirada interesada y hasta entusiasta, aún cuando el contacto sea sólo para preguntar un dato al pasar. En ningún comercio seguirán entretenidos con el celular sin responder el saludo cuando uno ingresa; por el contrario, será el dependiente quien se acercará  a dar la bienvenida, pero no será ese “bienvenido” automático y desganado que se repite maquinalmente como un trámite administrativo en ciertos restoranes “paquetes” porteños a medida que ingresan los clientes, con la mirada perdida e ignorando a quienes entran, sino una bienvenida genuina. 

Las palabras “señor” y “señora” están siempre presentes al dirigirse a un desconocido, a quien tratarán de “usted” o aún de “vuestra merced”, y sólo tutearán si el encuentro se prolonga lo suficiente como establecer una relación de confianza entre ambos o si fueron presentados por algún amigo en común.  Los más confianzudos, generalmente trabajadores de servicios o mecánicos, pueden dirigirse a un desconocido como “vecino”, que sería un equivalente a “jefe” o “maestro”, en Buenos Aires. No existen términos equivalentes a los irreverentes “flaco”, “loco”, “vieja” y otros con que se expresan los porteños ante desconocidos.

Existe inseguridad en esta capital, aunque no se la respira ni hay paranoia de la gente, pero sí recomendaciones sobre el uso de celulares con manos libres y auriculares y el cuidado de las pertenencias y objetos de valor, así como evitar los taxis callejeros -los amarillos-, en especial por parte de turistas, y pedirlos en hoteles o a través de aplicaciones móviles.

No hay ambiente de inseguridad, pero en lo pocos días que estuvo en Bogotá, a este periodista le sustrajeron su computadora portátil en un descuido en la feria Vitrina Turística Anato, la más importante del país, precisamente la jornada de mayor despliegue de seguridad en el lugar debido a la presencia del presidente Juan Manuel Santos. Algunos colegas locales comentaron que a ese tipo de encuentros entran con frecuencia estos ladrones descuidistas, gracias a la vista gorda de policías y personal de seguridad. Y debe ser así, ya que los requisitos para acreditación y entrega de credencial para circulación interna eran sumamente minuciosos; sin embargo, allí estuvieron.

GASTRONOMÍA

Bogotá gastronomíaLa comida bogotana no es muy variada. Su caballito de batalla es el ajiaco, una especie de puchero de gallina, con choclo, que se acompaña con una palta cruda y arroz blanco. En muchas calles y lugares de concentración de gente hay puestos de comida al paso, y allí lo mejor son las arepas, que pueden ser solas o rellenas con huevo o queso, en tanto las empandas, sin gran variedad de relleno -generalmente carne roja o pollo- tienen buena demanda aunque para el paladar argentino parecen siempre recalentadas por su cobertura muy dura.

Esto, sólo a nivel popular, porque Bogotá cuenta con numerosos restoranes internacionales, con variados platos de nacionalidades, tanto americanas, como asiáticas o europeas. Curiosamente, los restoranes de platos colombianos no acompañan las comidas con pan, pero la ciudad está llena de locales de hamburguesas y panchos, al estilo norteamericano, en este último caso con una gran variedad y algunos nombres curiosos, como  el “choriperro”, donde el pan es parte fundamental y abundante de la oferta. Bogota cerveza colombia

Para beber, disponen de numerosos jugos de frutas locales, batidos o en licuados, artesanales o industriales, además de las bebidas colas internacionales. El vino colombiano prácticamente es inexistente y la bebida alcohólica de más salida es la cerveza, con una marca local, Club Colombia, capaz de satisfacer a los paladares exigentes.

La cadena de restoranes Andrés Carne de Res se constituyó en un clásico de la gastronomía para quienes visitan Bogotá. Si bien la carne vacuna que se sirve no impresiona a visitantes argentinos, que disponen en su país de la mejor carne del mundo pese a que la realmente buena se la exporta, resultan interesantes otros platos en base a productos típicos -como una pizza hecha con base de bananos amasados- y la extravagante decoración de los locales, que son una mezcla de museos personales de los dueños y un amontonamiento de objetos extraños y no tanto, colgando de las paredes y techos. Durante las comidas, el lugar puede verse atravesado por artistas que interpretan números teatrales o músicos que invitan a bailar entre las mesas, entre otras curiosidades. 

En lo que no cabe duda que Colombia está al tope del mejor nivel, es en el café. Aunque todos los extranjeros buscan degustar el famoso Juan Valdez en los locales que llevan su nombre, en cualquier restorán se puede beber una infusión de calidad internacional. En mercados y almacenes para la gente local hay varias marcas desconocidas en el exterior, pero que pueden representar con total dignidad al café colombiano, sin tener que pagar precio de turista.

QUÉ HACER

Además del mencionado Monserrate, cuando el clima lo permite siempre es recomendable la zona histórica, o Candelaria Vieja, con sus estrechas calles empinadas, altas veredas y las pequeñas casas coloniales de variados colores y techos de tejas, junto a grandes casonas, convertidas algunas en museos, además de numerosas iglesias. Bogotá CandelariaSi es fin de semana o feriado, y el clima acompaña, también es bueno dedicarle al menos media jornada al Mercado de Pulgas de Usaquén, un barrio de casas coloniales algo más al norte, que parece estar fuera de la capital por su ambiente distendido, en cuya plaza se ofrecen artesanías, productos típicos y gastronomía tradicional. 

No obstante, casi cualquier lugar de la ciudad es agradable para dar un paseo si uno puede abstraerse del tránsito complicado que lo rodea siempre, porque en todos lados se puede encontrar una vereda arbolada, un bulevar o plazas y parques donde relajarse bajo la sombra. También es agradable caminar sin rumbo y observar los grandes murales artísticos que cubren las fachadas o laterales de muchos edificios, aunque algunos han sido vandalizados con burdos graffities.Bogotá Candelaria
Bogotá es una ciudad limpia, con los residuos habituales de una urbe latinoamericana, que son recogidos oportunamente por los servicios de limpieza, y para la visión de un porteño se diría que no hay perros en la ciudad, ya que no es necesario andar esquivando los excrementos de estos animales como en las veredas de Buenos Aires; de hecho, se ven muchas menos personas paseando estas mascotas que en la capital argentina y aparentemente no existen los paseadores profesionales de canes.

Bogota parquesCuando la lluvia y el frío obligan a quedarse puertas adentro, hay quienes visitan algunos de los grandes centros comerciales (shopping) retirados de la zona céntrica, como el Calima, Gran Estación o el Atlantis Plaza, dentro de los cuales se puede pasar un día entero, y quienes quieren hacer compras de electrónicos suelen ir al complejo Unilago-Centro de Alta Tecnología, de donde salen con teléfonos, computadoras, cámaras fotográficas, tablets y otros dispositivos, comprados a los mejores precios. Menos materialista y más cultural, queda la opción de los museos, que es muy variada.

MUSEOS

Bogotá Museo del OroSi el clima es adverso para los paseos al aires libre -o no- los museos son una importante propuesta para el visitante. Los hay de diversos temas, pero es imperdible el Museo del Oro, en el Parque Santander, que alberga la colección de orfebrería prehispánica más grande del mundo, con unas 34 mil piezas de oro y aleaciones (tumbagas), más otros 25 mil objetos en cerámica, piedra, nácar, hueso y telas. Otro de los museos más visitados es el de Botero, en La Candelaria, que además de las obras propias de Fernando Botero que él donó a Colombia, incluye gran parte de la colección que adquirió el artista nacido en Medellín hace 84 años.

Bogotá Museo BoteroLa ciudad contiene museos para todos los gustos: Los hay de Arqueología, de Arte Colonial, de Arte Moderno, de la Policía, Militar, de la Esmeralda, de la Ciencia, de la Fotografia, Indígena, Gemológico, de Historia en diferentes rubros, Taurino y muchos otros, hasta completar una cincuentena. Para recorrerlos a todos habría que dedicar unas vacaciones enteramente a la museología, por lo que conviene elegir dos o tres según la preferencia y hacer  una recorrida en profundidad si se dispone de pocos días.

Aunque se expande en unos 350 kilómetros cuadrados, la zona central es pequeña y concentra buena parte de sus siete millones de habitantes, por lo que Bogotá luce muy activa en horas diurnas. Los comercios cierran a mas tardar a las 20 y la noche es corta, con pocos lugares que permanecen abiertos después de la medianoche, si se trata de cenar. Para diversión de adultos hay locales abiertos hasta muy tarde y, si el visitante es hombre, taxistas y comerciantes le ofrecerán conocer señoritas, aunque en este caso también recomiendan ser cuidadoso antes de aceptar tal propuesta.- CSM)

Gustavo Espeche ©rtiz

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