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La ballenas francas están por doquier en su santuario del Golfo Nuevo

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BAllenasEl mar estaba “planchado” y extendía su quietud hasta la casi imperceptible costa continental, en la otra banda del Golfo Nuevo, como un desierto azul y deshabitado, pero todos en el bote sabían que no estaban solos. De pronto, a un centenar de metros las aguas se alteraron con el repentino surgir del gigantesco bulto oscuro, que como empujado por un poderoso pistón elevó increíblemente por el aire sus 30 ó 40 toneladas para caer en una tremenda explosión de espuma blanquísima cuya onda expansiva movió suavemente la embarcación. Fue el primer salto de una ballena franca austral visto en esa excursión matutina que había partido de Puerto Pirámides, en la Península Valdés, Chubut.

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Pronto, las ballenas estaban por todos lados: Más saltos, colas “en vela” por doquier, bebés de pocos días (con sus 4 ó 5 toneladas), grupos de cópula con una hembra rodeada por varios machos, cetáceos cuyos lomos acompañaban a esa y otras embarcaciones o pasaban por debajo de ellas y llevaban a los pasajeros a correrse de un lado a otro de la borda para verlas, y a los guías a pedirles que no dejen sus lugares, ya que habría ballenas para todos.

Los pasajeros giraban entusiasmados y apuntaban cámaras y binoculares, ya sea a un gigante que se elevaba del agua o se concentraban en otro que navegaba con un rumbo recto y en cada ballenasaparición amagaba ofrecer el siempre esperado “saludo” con la cola (o aleta caudal) tras la inmersión, o podía ser una aleta pectoral que sobresalía durante muchos metros, según el modo en que quería nadar la ballena. 

Los chorros de vapor de la respiración brotaban como géisers en diversos puntos y nadie dejaba de admirarse ante los bebés que nadaban junto a sus madres o se subían al lomo de estas en un juego que corresponde a su edad y era compartido por la hembra adulta.

También observaban curiosos los grupos de cópula, y aunque sólo veían los lomos que asomaban en la superficie, escuchaban atentos al guía de esa excursión, Dany “El Pulpo” Casieles, de la agencia Southern Spirit, quien les explicaba que la ballena más grande era la hembra y que los machos la rodeaban en una ceremonia sin competencia entre ellos sino de actitud complementaria, de la que tras un año nacería un solo ballenato, luego que el organismo femenino eligiera el espermatozoide de mejor calidad para la fecundación.ballenas

Emoción, éxtasis, excitación, gritos y lágrimas eran las reacciones entre el pasaje. Una mujer reflexionaba sobre la relación amistosa de las ballenas con los humanos: “Nunca saltan cerca de los botes; te imaginás que si lo hicieran podrían darlos vuelta con la ola que desplazan, pero se ve que ellas también nos cuidan y quieren ser nuestras amigas y nos muestran sus piruetas sólo desde lejos”.

Lo barcos de avistaje tienen la obligación de nunca acercarse más del largo de una ballena si es solitaria, equivalente a unos 15 metros, o entre dos o tres cuerpos si se trata de un grupo de cópula. En el caso de madres con crías nacidas este año -algo que los guías saben en cuanto los ven- hasta fines de agosto no pueden acercarse, sino que tienen que seguir la navegación sin detenerse; y si se trata de ballenatos blancos, que son muy preciados, sólo pueden quedarse 15 minutos y continuar, para que puedan ser avistados por otros barcos sin que se sientan hostigados por la presencia humana.

ballenasNo obstante, hay casos en que la ballena emerge de repente con su cría junto a algún bote y, para placer de los viajeros, esa breve cercanía es inevitable. Los operadores de estas excursiones no pueden tener más de una nave por agencia al mismo tiempo en avistaje, y como hay sólo seis empresas que ofrecen este servicio en Puerto Pirámides, que es el único lugar desde donde zarpan los paseos de observación embarcados, nunca hay más de media docenas de estos barcos operando en el Golfo Nuevo.

El Pulpo también estaba entusiasmado con la buena jornada y contqgiaba su entusiasmo a los viajeros con sus indicaciones: “¡Cola a la derecha!”, “¡un salto allá, atrás! va a repetir”, “una madre con su bebé, adelante”, avisaba frenético, cual otro turista primerizo y organizaba el movimiento en el barco.

ballenasApenas desembarcados de esta excursión, llegó una segunda salida para CSM, en este caso por invitación de la agencia de Peke Sosa, un histórico operador de avistajes de Puerto Pirámides, que había que tomarla al momento o dejarla porque pronto levantaría viento y la observación de ballenas se dificultaría. El semirrígido con una docena de pasajeros se adentró por la Segunda Bajada del pueblo, al sur de la Bahía de Pirámides, con una docena de pasajeros y la guiada a cargo de Federico Arribere y Claudia Martitsch.

Los guías organizaron el avistaje con el sistema de agujas de reloj para orientarlos ante la aparición de ballenas: adelante, en la proa, estarían las 12 y el resto de las horas en derredor y, guiados por el movimiento del agua, el comportamiento de las gaviotas y sus ojos expertos, indicaban: Ballenas“Un grupo a las 4”, “se viene un salto a las 7”, “cola a las 11”. La excursión fue tan fructífera como la primera y constituyó la mejor jornada de avistaje de ballenas de este cronista en los muchos años que realizó la experiencia.

Entre los turistas estaba Tomás, un jubilado correntino que nunca antes había visto ballenas y, tras observar los saltos, comentó emocionado que le recordaba la primera vez que vio elevarse un avión militar Hércules cuando era muy joven; le parecía increíble que algo tan grande y pesado pudiera despegar del suelo. ballenas“Esto es más sorprendente, porque el avión tiene motor, pero estos bichos no se de dónde sacan la fuerza para dar esos saltos”, expresó el hombre de 72 años, que junto a su esposa Ina iniciaba una vacaciones por la costa patagónica.

Desde julio, la temporada de avistaje de ballenas está a pleno y los turistas se amontonan frente a las seis empresas habilitadas en la única población y puerto de Península Valdés, en busca de un turno, debido al reducido cupo que genera la mencionada legislación que no permite más de una nave por empresa a la vez en el golfo. La agencias, además de las dos mencionadas son Hydrosport, Punta Ballenas, Botazzi Avistajes y Whales Argentina.

De los 400 mil turistas que recibe por año esta ciudad de 700 habitantes y unas 1.200 plazas hoteleras, la mayoría llega para avistar ballenas, por lo que el invierno y la primavera conforman su temporada fuerte y es cuando más visitantes extranjeros recibe.ballenas

Además de los avistajes con los operadores mencionados, también está la opción del Yellow Submarine, un barco semisumergible que permite observar las ballenas desde abajo de la línea de flotación a través de ventanillas y sentado en una butaca. Esta observación singular tiene limitaciones de operatividad, ya que no se puede hacer si hay mucho viento y movimiento en el agua, debido a la turbulencia, motivo por los cuales CSM no pudo concretar tal avistaje en los últimos años.

ballenas DoradilloOtra posibilidad de ver las ballenas en el Golfo Nuevo es desde el muelle de Puerto Madryn, o aún desde su costanera, ya que los cetáceos se acercan cada vez más a la costa, y en las noches silenciosas se puede oír el fuerte bufido de su respiración que puede confundirse con un chiflete de viento patagónico. También se las puede ver sin costo alguno y desde muy cerca en las playas del área protegida El Doradillo, en el acceso al istmo de la Península Valdés, pero los turistas coinciden en que pese a la tarifa cercana a los 100 dólares, el avistaje embarcado, con la adrenalina del mar en movimiento y el contacto cercano con esos gigantes en su ambiente, es una experiencia única que al menos una vez vale la pena vivir.- (CSM)

Gustavo Espeche ©rtiz

(Derechos reservados)

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